viernes, 29 de marzo de 2013

UN NOMBRE PERMANENTE

Todavía sigo sin palabras después de haber visitado el Museo del Holocausto de Jerusalén ayer por la tarde. Después de una visita de más de dos horas (que podrían haber sido 5 o 6 si hubiéramos tenido tiempo) salí de allí con muchas dudas pero una cosa muy clara: no seré capaz de describir los sentimientos vividos aquí dentro.

No quiero recordar en esta entrada la masacre llevada a cabo por el régimen Nazi de Adolf Hitler en la segunda guerra mundial porque estoy seguro de que todos vosotros conocéis los hechos, pero me gustaría en estas líneas expresar mis sentimientos al respecto. 

Yad Vashem es el nombre de la institución oficial Israelí constituída en memoria de las víctimas del Holocausto nazi contra los judíos. Su nombre proviene de las palabras del Profeta Isaías: " Yo les daré lugar en Mi casa y dentro de Mis muros [...] Les daré un nombre permanente (un "yad vashem"), que nunca será olvidado.  Creo que este es el mensaje principal que se quiere transmitir con este museo, no se quiere recordar el exterminio sino a los 6 MILLONES de judíos que fueron asesinados sin motivo alguno a manos de Hitler. Del mismo modo, este museo ha de servir para que atrocidades como la del holocausto no vuelvan a repetirse jamás. 

Desde el momento en que entramos al museo, se me pusieron los pelos de punta y se me paró la respiración. Lo primero que vimos fue un monumento conmemorativo al MILLÓN Y MEDIO de niños judíos que murieron. Entramos a una sala oscura, solamente iluminada por una vela que ardía en el centro. Mediante un juego de reflejos de espejos que rodeaban la sala, la llama de la vela se multiplicaba infinidad de veces, conmemorando así a todos los niños judíos asesinados. Una vela por cada uno de ellos. Además, se iba oyendo la voz de una mujer que nombraba, uno a uno, al millón y medio de niños que perecieron en el holocausto. Un escalofrío me recorría el cuerpo inevitablemente al escuchar sus edades: 3, 4, 5 años...

En nuestro camino hacia el museo en sí, caminamos entre un jardín cuyos árboles recuerdan a los "Justos entre las Naciones", unas placas debajo de cada árbol homenajean a las valientes personas que arriesgaron su vida por salvar a personas judías. En cada placa está inscrito el nombre de esas personas y su país de procedencia. Este es uno de los temas que más me indigna y preocupa de la historia del holocausto: ¿como es posible que nadie hiciera nada para evitarlo?  ¡Ni los países aliados ni tan siquiera la iglesia católica se pronunciaron al respecto! ¿Como pudo la humanidad estar tan ciega como para no ver (o no querer ver) lo que estaba sucediendo? Millones de personas estaban siendo asesinadas y ellos lo estaban tolerando... Realmente es un episodio de la humanidad que me avergüenza. Obviamente el mayor culpable fue el régimen nazi, pero todos somos un poco culpable por no haber reaccionado y haber permitido que sucediera. En este sentido, doy las gracias de mi parte a todas aquellas personas que SÍ hicieron algo al respecto incluso arriesgando sus vidas. GRACIAS.

Pero lo peor no había llegado todavía; al entrar al museo, uno tiene que respirar hondo, tragar saliva y prepararse para un recorrido a través del dolor y sufrimiento del pueblo judío. En mi opinión la dureza de las imágenes va incrementando a medida que uno avanza a lo largo del museo. El recorrido empieza con una contextualización histórica del conflicto: se explica quien era Hitler, como subió al poder, el contexto de la segunda guerra mundial, etc. Pero a medida que vas avanzando, empiezan a aparecer imágenes del exterminio, imágenes muy duras que te llenan de rabia, impotencia, dolor, tristeza... Demasiadas emociones como para expresarlas por escrito. Se ha de reconocer la gran labor llevada a cabo por el museo a la hora de recopilar toda la información, los datos personales de todos los judíos muertos, las entrevistas a supervivientes... Realmente ayudan a entender mejor todo lo vivido durante esos años, aunque ni así nos llegamos a hacer a la idea del sufrimiento que se vivió.

Tal vez la parte más dura de todo el recorrido sea la proyección de las entrevistas a los supervivientes, que explican, luchando contra el dolor y el recuerdo de los familiares y amigos perdidos y entre lágrimas, como los nazis asesinaban sin escrúpulos a todos los judíos, sin motivo alguno. También impresiona mucho las recopilaciones de material fílmico que recoge imágenes grabadas de como tractores acumulaban los cuerpos muertos de los judíos en fosas comunes, como si de basura se tratase. 

Un relato que me conmovió enormemente fue el de la marcha de la muerte de las mujeres judías. Estas marchas eran un mecanismo de acabar con la vida de los prisioneros, que eran forzados a caminar y caminar durante días seguidos,sin destino alguno,  sin comer y en pleno invierno hasta que morían de cansancio, de frío o de hambre. Una de las supervivientes explicaba que tuvieron que caminar 800 quilómetros en 10 días, caminando sobre la nieve, y explicaba entre lágrimas su recuerdo de como sus amigas y compañeras iban cayendo depslomadas al suelo. Explicaba que en un momento, vio comida entre la basura y fue a buscarla para comérsela, una oficial nazi la vio y fue a evitarlo. Al acercarse la oficial, ella le dijo: "Hazme un favor, mátame". 

La última parte del museo es sin duda una de las más impactantes de todas, se llama la "Sala de los nombres" y se trata de un salón de forma circular en cuyo interior se encuentran los nombres de una pequeña fracción de los seis millones de hombres, mujeres y niños de todas las partes del mundo judío que murieron a manos de los nazis y sus colaboradores. 


Inscripción en una piedra del jardín del museo: "That the victims will never be forgotten"

La sala de los nombres y las fotografías con los rostros de las personas que murieron.

Pese a la dureza de las imágenes y lo mal que puedes llegarlo a pasar en el museo, creo que es una visita obligada si viajáis a Jerusalén. Muchas personas prefieren no mirar al pasado y hacer como si nada de esto hubiera pasado, yo creo que es necesario saberlo para darse cuenta de lo cruel que puede llegar a ser el hombre, de lo que ha sufrido a lo largo de toda su historia el pueblo judío pero sobretodo, para dar un NOMBRE PERMANENTE a todas aquellas personas que murieron injustamente y sin explicación alguna durante el holocausto. 

Personalmente, siento vergüenza por todo lo sucedido y por la no-reacción de los demás países. Jamás lograré explicarme porque sucedió lo que sucedió porque no hay explicación alguna, pero creo que este museo es una gran idea que ayudará a concienciar a mucha gente y solo me queda decir: Perdón por la parte de culpa que todos llevamos encima y Gracias al pueblo judío por ser un ejemplo de superación y de vida.


Gracias por leerme! :) 

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